En una nueva ola de manifestaciones, agricultores franceses han vuelto a bloquear extensos tramos de las principales autopistas del país, empleando sus tractores para interrumpir el tráfico y ejercer presión sobre el gobierno en busca de concesiones que favorezcan la producción alimentaria en términos económicos y burocráticos.
La movilización, que aboga por ingresos más altos, menos burocracia, costos reducidos y protección contra las importaciones económicas, se convierte en un desafío significativo para el recién nombrado primer ministro, Gabriel Attal, quien busca poner fin a las protestas con medidas que planea anunciar durante una visita a una explotación ganadera en las próximas horas.
Marc Fesneau, ministro de Agricultura, anticipó que Attal presentará “una variedad de respuestas” para abordar lo que se considera una “crisis grave”. Los agricultores, resueltos y hábiles en sus acciones mediáticas, han bloqueado autopistas y obstaculizado el tráfico, utilizando sus tractores y, en algunos casos, levantando barreras con fardos de heno. También han realizado acciones simbólicas, como depositar desechos agrarios frente a las oficinas gubernamentales.
Vinci Autoroutes, la empresa operadora de autopistas, informó que tramos de hasta 400 kilómetros (250 millas) en las vías A7 y A9, importantes rutas hacia el sur de Francia y España, estuvieron bloqueados. Los bloqueos afectaron el tráfico en varias rutas más y cerraron accesos clave a París. Este malestar en Francia refleja un descontento más amplio en los centros agrícolas de la Unión Europea, donde el sector agrícola está siendo objeto de debate antes de las elecciones al Parlamento Europeo en junio. Partidos populistas y de ultraderecha buscan capitalizar la insatisfacción rural, aprovechando las preocupaciones sobre acuerdos de libre comercio y los efectos de eventos globales, como la guerra en Ucrania.



