La sentencia, que oscila entre 10 y 15 años de prisión para cada uno, surge a raíz del trágico tiroteo perpetrado por su hijo, que cobró la vida de cuatro estudiantes y dejó a otros siete heridos.
Los Crumbley fueron declarados responsables de permitir que su hijo accediera al arma utilizada en el crimen, la cual el padre había adquirido apenas cuatro días antes del fatídico evento. Además, se les reprochó haber ignorado los evidentes signos de problemas de salud mental de su hijo, incluyendo un inquietante dibujo que había realizado.
Durante la audiencia, los padres de las víctimas expresaron su dolor y rabia hacia la pareja condenada, culpándolos directamente por la tragedia y lamentando el devastador impacto que tuvo en sus vidas.
Este veredicto sienta un precedente legal en Estados Unidos al ser la primera vez que los padres de un menor son responsabilizados por un tiroteo. Durante el juicio, la fiscalía argumentó que los Crumbley podrían haber evitado el ataque tomando medidas preventivas, mientras que la defensa alegó desconocimiento sobre la condición mental de su hijo.
Ethan Crumbley, el adolescente autor del tiroteo, ya había sido condenado a cadena perpetua por sus crímenes. En su testimonio, admitió haber llevado el arma al colegio, indicando que esta no estaba asegurada bajo llave cuando la guardó en su mochila.
Este fallo judicial, sin precedentes en Estados Unidos, subraya la responsabilidad de los padres en casos de violencia armada perpetrada por menores y destaca la importancia de prestar atención a las señales de alerta relacionadas con la salud mental de los jóvenes.


