- El Papa Francisco invita a redescubrir “el secreto de la vida” durante la Misa de Miércoles de Ceniza.
- La Cuaresma, un tiempo para volver al corazón y purificar el alma.
En el marco de la celebración del Miércoles de Ceniza, este día en que la Iglesia Católica conmemora a San Valentín, el Papa Francisco presidió la Misa de inauguración de la Cuaresma 2024. Durante la ceremonia realizada en la Basílica de Santa Sabina, el Santo Padre compartió reflexiones profundas sobre la importancia de este tiempo litúrgico.
El Pontífice destacó que la Cuaresma representa una oportunidad para explorar “el secreto de la vida”, alentando a los fieles a dirigirse nuevamente hacia Dios con todo su ser, mediante la oración, el ayuno y la limosna. El Cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Iglesia, fue el encargado de imponer las cenizas en la cabeza del Papa Francisco durante la misa.
La celebración, que comenzó alrededor de las 11:00 a.m. en la Basílica de Santa Sabina, fue precedida por una oración en la Iglesia de San Anselmo, seguida de la tradicional procesión. Durante la homilía, el Papa Francisco advirtió sobre la importancia de desprenderse de las corazas que ocultan el verdadero ser y resaltó la necesidad de mirar hacia el interior para descubrir el amor eterno de Dios.
En referencia a la Cuaresma, el Papa señaló que este tiempo litúrgico es una invitación de Jesús a sumergirse en un proceso de purificación y despojamiento, alejándonos de la superficialidad y mostrándonos tal como somos ante Dios. Además, hizo hincapié en que la limosna, la oración y el ayuno deben ir más allá de prácticas exteriores, conduciéndonos al corazón mismo de la vida cristiana.
El Papa Francisco también abordó la peligrosa tendencia actual de vivir buscando la aprobación social y la necesidad constante de ser admirados y apreciados. En este contexto, instó a los fieles a encontrar un lugar secreto para detenerse y custodiarse a sí mismos, lejos del ruido de un mundo obsesionado con la exposición constante.
Finalmente, animó a escuchar la voz del Señor a través de la oración silenciosa de adoración, reconociendo nuestra condición de “polvo amado por Dios”. Concluyó sus reflexiones recordando que gracias a Él, renaceremos de las cenizas del pecado hacia una nueva vida en Jesucristo y en el Espíritu Santo.


