• El pontífice pidió no ser hospitalizado ni intubado en sus últimos días
• Falleció en su residencia del Vaticano tras sufrir un ictus
• Su médico y asistente confirmaron que respetaron su voluntad de morir sin intervenciones extremas
El médico Sergio Alfieri, coordinador del equipo que atendió al papa Francisco, compartió los últimos momentos de vida del pontífice, fallecido el 21 de abril a los 88 años en su residencia de Casa Santa Marta, en el Vaticano. Alfieri relató que al ingresar a la habitación encontró al papa con los ojos abiertos, pero sin responder a estímulos, ya en estado de coma.
El médico explicó que se respetó el deseo expreso del pontífice de “morir en casa” y sin medidas invasivas. “No respondía ni siquiera a los estímulos dolorosos. En ese momento comprendí que no podía hacerse nada más”, dijo Alfieri en declaraciones a medios italianos.
Sin medidas extremas, por voluntad del papa
Durante su última hospitalización, el papa Francisco dejó instrucciones claras de no ser intubado bajo ninguna circunstancia. Su asistente personal de salud, Massimiliano Strappetti, quien era cercano al pontífice como un hijo, también conocía esta voluntad. “Sabíamos que no quería ensañamiento terapéutico”, añadió Alfieri.
El médico recordó que fue Strappetti quien lo contactó la madrugada del lunes 21 de abril: “El Santo Padre está muy enfermo”. Sin embargo, al llegar a la residencia, Alfieri advirtió que trasladarlo habría sido arriesgado. “Corríamos el riesgo de que muriera en el camino”, por lo que decidieron respetar su deseo y mantenerlo en casa.

La causa de muerte: un ictus
Según el parte oficial firmado por Andrea Arcangeli, director de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano, el papa murió a las 7:35 a.m. por un ictus que derivó en un coma y luego en una parada cardiocirculatoria. Alfieri explicó que podría haberse tratado de un émbolo cerebral o una hemorragia repentina, condiciones comunes en personas mayores con movilidad limitada.
El médico concluyó que Francisco vivió sus últimas horas con serenidad. “Es como si, al acercarse el final, hubiera aceptado lo que debía ocurrir. Murió en paz, tal como lo había pedido”.

