Asheville, en Carolina del Norte, había sido considerada un ‘refugio climático’ en el sur de EE. UU. gracias a su clima agradable y su ubicación alejada de la costa. Sin embargo, el huracán Helene, el más mortal desde el Katrina, ha destruido esta percepción.
La población de Asheville ha crecido más del 13 % en la última década, atrayendo a muchos ‘migrantes climáticos’ de zonas más afectadas por desastres naturales. Pero el Huracán Helene demostró que este lugar no es invulnerable. El huracán, que tocó tierra en Florida, provocó lluvias torrenciales que causaron inundaciones devastadoras en la región, afectando comunidades como Swannanoa, Marshall y Hot Springs.
Víctimas y respuesta gubernamental
Al menos 95 personas han muerto en Asheville, cerca de la mitad de las más de 220 víctimas reportadas en todo el país. Esta cifra podría aumentar a medida que los equipos de rescate accedan a áreas inaccesibles.
El presidente Joe Biden sobrevoló la región y ordenó el despliegue de 1,000 soldados para ayudar en las labores de rescate y recuperación. Mientras tanto, la asistencia gubernamental llega lentamente. Voluntarios de la comunidad trabajan arduamente para llevar alimentos, agua y suministros a quienes lo necesitan.
Eric Romero, residente de Swannanoa, ha decidido repartir alimentos a sus vecinos y llevar ayuda a otras áreas que aún no tienen acceso. “Hubo mucha destrucción, pero hay que seguir adelante”, afirmó.

Desafíos en la recuperación
Cinco días después de la tormenta, la región aún enfrenta problemas como la falta de agua, cortes de electricidad y limitada cobertura telefónica. Danny Valdéz, de World Central Kitchen, recorre Asheville distribuyendo comida y preguntando a los residentes si necesitan ayuda. “Sin cobertura telefónica, dependo del boca a boca”, comentó.
En Biltmore Forest, algunos vecinos han establecido un punto de donación para suministros básicos, donde ya llegan personas que requieren asistencia.
La paradoja climática
Curiosamente, Asheville alberga el Centro Nacional de Información Ambiental (NCEI), donde cientos de científicos estudian el cambio climático. Después de la tormenta, el NCEI quedó inoperativo.
Investigaciones preliminares sugieren que la crisis climática ha agravado el impacto de Helene, haciéndolo más intenso y con más lluvias. Lo que antes se consideraba un ‘refugio climático’, ahora revela que nada está a salvo ante las crisis climáticas que afectan al país.


